sábado, 11 de abril de 2009

Luego del terremoto: 100.000 italianos al raso

Irene Hdez. Velasco
El Mundo
07/04/09

Luego del sismo que ha dejado más de 150 muertos y 1500 heridos

Paganica es un pueblo fantasma. Esta pequeña localidad de Los Abruzos, a unos ocho kilómetros de L'Aquila, es el epicentro del terremoto que anoche sacudió la región. El sismo ha acabado con el 80% de las casas de su centro histórico. Las que no se han derrumbado, están a punto de hacerlo. Al igual que sucede en el resto de la región, miles de personas han sido evacuadas y pasan la noche envueltas en mantas, en coches, grandes tiendas de campaña o en las calles, bajo una intensa lluvia.

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Mientras los bomberos y la policía siguen buscando supervivientes entre los escombros de los edificios, vecinos hambrientos y con rostros cansados llenan los espacios abiertos de las ciudades, donde pasan la noche, alejados de los edificios que amenazan con caerse. "De ninguna manera íbamos a correr el riesgo de volver a nuestra casa, incluso si sólo está ligeramente dañada", explicaba Gianni Festa, de 41 años, desde el campo de atletismo donde pasará la noche con su esposa y su hija. "Tampoco me arriesgaría a ir a un hotel".

"Esperamos que nos den una tienda o algo bajo lo que dormir esta noche", decía esta tarde Isenia Santilli, de 70 años, mientras se acomodaba en un estadio al aire libre, a las afueras de L'Aquila, la capital de la región. Hay escasez de camas y se ha dado prioridad de alojamiento a niños y ancianos.

"Nadie será abandonado", dijo el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, desplazado a la zona del desastre. Il Cavaliere, dijo a los periodistas desde esta ciudad medieval —la más afectada de la región— que se dispondrían tiendas de campaña para alojar a entre 16.000 a 20.000 personas, mientras que se pediría a los hoteles de la costa del Adriático que alojen a miles de personas sin hogar.

"Hay disponibles 5.000 habitaciones y por tanto, entre 15 y 20.000 camas", explicó el primer ministro en su comparecencia televisiva. "Hemos aconsejado a la gente que se traslade a casa de amigos y familiares" en caso de que sus domicilios hayan resultado dañados, añadió.

Unas 100.000 personas han sido evacuadas. Muchos aguardan en tiendas habilitadas en estadios o parques. No podrán volver a recoger lo que queda de sus pertenencias al menos en 48 horas.

En una de esas grandes tiendas, hileras de hombres y mujeres intentan descansar tumbados en el suelo o en las camas, mientras otros se acomodan como pueden en sillas. Los murmullos, la brillante luz de la tienda y el ruido de un generador marcarán la segunda noche en vela de muchos vecinos.

Pero las tiendas de campaña habilitadas se quedan cortas y muchos han tenido que optar por dormitar en su coche. "Ahora que estamos aquí sentados en nuestro coche, es el momento de empezar a asimilarlo", dice Piera Colicci, sentada en su vehículo junto a su familia.

La Cruz Roja italiana asegura además que empiezan a escasear bienes de primera necesidad (agua, bocadillos o leche, entre otros) para suministrar a los supervivientes de L'Aquila.

4.000 vecinos en un estadio

Antonio, un vecino de Paganica, es uno de los escasos afortunados cuya casa sigue en pie. La mayoría de los 4.400 vecinos de Paganica se han quedado sin hogar y aguardan en un estadio al aire libre.

Durante la mañana se han seguido produciendo temblores de tierra que les obligan a permanecer a cielo abierto, ante el peligro de nuevos derrumbamientos. Al igual que sucede en el resto de localidades afectadas, la emergencia ahora es qué hacer con las 4.000 personas que no sabían dónde pasar la noche porque no tienen casa.

El centro histórico de esta pequeña localidad ha sido cerrado. Ni siquiera los escasos afortunados cuya casa sigue en pie podrán pasar allí la noche. Los bomberos continuaban esta tarde las labores de rescate. Creen que ya no queda nadie atrapado bajo los escombros, pero seguían buscando por si pudiera haber alguna víctima más, posiblemente algún inmigrante llegado a esta zona agrícola y ganadera sin familiares que hayan denunciado su desaparición.

En esta pequeña localidad han fallecido cuatro personas (entre ellas, la abadesa de un convento de clausura) y una decena ha resultado heridas, un balance 'afortunado' para un sismo que ha dejado más de 150 muertos y 1.500 heridos.

La tragedia no fue mayor porque los vecinos llevaban meses sintiendo temblores y salieron todos a la calle cuando la pasada madrugada notaron los primeros signos del sismo. De hecho, Antonio no dormía en su casa desde hace doce días, tras escuchar las advertencias de un geólogo al que las autoridades hicieron poco caso.

Espera al aire libre

Según protección civil, en toda la región de Los Abruzos más de 70.000 personas se han quedado sin hogar y unas 10.000 casas y edificios se han derrumbado. Los medios de comunicación locales hablan de que, en total, más de 100.000 personas han sido evacuadas de sus casas.

En las últimas horas ha comenzado a llover con fuerza en la región, lo que agrava la situación de las miles de personas sin hogar, además de dificultar las labores de rescate. Los trabajadores de los servicios de rescate han apurado las últimas horas de luz para buscar supervivientes y montar tiendas para las personas que se han quedado sin hogar.

Los vecinos de L'Aquila —50.000 habitantes— también esperan en aparcamientos, jardines y campos deportivos a que cesen los temblores que se registran desde la madrugada.

Dos campos deportivos, uno antes de la entrada al centro histórico y otro en las afueras, han sido habilitados para que los supervivientes pasen allí las próximas horas a la espera de que la situación se estabilice.

Al igual que en Paganica, su centro histórico parece una ciudad fantasma: "Una parte de los habitantes se ha marchado por su voluntad y los demás han sido 'acompañados' por las autoridades. Se puede decir que la mayoría del centro histórico está vacío", ha explicado un responsable de seguridad.

Mucha gente aguarda allí, pero también puede verse a gran número de vecinos en los aparcamientos públicos, sentados sobre los capós de sus coches y con las puertas abiertas, a la espera de que llegue la noche, pues algunos se plantean dormir en ellos. Las tiendas de campaña suministradas por las autoridades no alcanzan para todos los afectados.

En L'Aquila se puede ver ahora también a gente esperando en los jardines de sus casas a que se normalice la situación en una ciudad en la que no sólo han sido dañados los edificios más antiguos, sino también los más recientemente construidos.

Durante el día, a las autoridades locales les preocupó están preocupadas también por el elevado número de ancianos de L'Aquila, pues las temperaturas que se registran en la ciudad, en torno a los 20 grados centígrados, podían provocar golpes de calor.

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